lunes, 5 de septiembre de 2011

RED HOT CHILI PEPPERS: La evolución rockaliforniafricana.


Una de las bandas insignia del rock alternativo de California está de vuelta, con un sonido menos sorprendente, pero que no nos cansamos de escuchar.

I’m With You, el noveno disco de estudio y el primero en cinco años para Red Hot Chili Peppers, viene cargado de esa expectativa que rodea a las bandas legendarias, que sin realizar discos espectaculares, son capaces de mantener la atención y complacer a sus fans más fieles.

Durante este tiempo, se tomaron dos años de descanso, en los que Flea estuvo estudiando teoría musical y John Frusciante dejó la banda, dejando el cargo de nuevo guitarrrista en su amigo y frecuente colaborador Josh Klinghoffer, quien, en palabras de Anthony Kiedis, “cambió el sonido de la banda” e incluso fue él quien propuso el título del álbum.

Con Rick Rubin produciendo y la portada del disco diseñada por Damien Hirst, demuestran que saben rodearse de grandes para seguir siendo grandes y que aún tienen la energía suficiente para seguir siendo interesantes para las nuevas generaciones de veinteañeros.

Muy lejos ya de las intensidades punk, coquetean con ritmos más bailables e influencias africanas, con sus guitarras que van del funk al hard rock, melodías pop y un sonido que es una perfecta continuación de lo que han venido produciendo desde Californication (1999) o By The Way (2002).

Abren con cierta ezquizofrenia, pasando del ruido al ritmo bailable con influencias disco en Monarchy Of Roses. Mantienen su fuerza y actitud habitual en canciones como Factory Of Faith y Anny Wants A Baby. Goodbye Hooray va por la misma línea pero de pronto se transforma en un portento de energía que a su vez de pronto da paso a un interludio mágico con un piano y regresa al origen de la canción.

The Adventures Of Rain Dance Magpie, el primer sencillo, pareciera perfecta para ser cantada por Mick Jagger. Inspirados en un viaje de Flea con Klinghoffer a África, en Ethiopia ensayan con su versión del afrobeat todo y percusiones, mientras que Did I Let You Know se fusiona con influencias del brass, con trompeta y una melodía que por momentos se acerca a lo latino. 

Brendan’s Death Song es sin duda uno de los mejores momentos del dísco, una de esas canciones tranquilas y hermosas que van creciendo y que tan bien se les dan en el estilo de clásicos Under The Bridge o My Friends.

Conservan su postura desenfadada en Happiness Loves Company, que tiene un acento optimista, casi beatlesco, mientras que en Even You, Brutus? y Look Around pasan del rap a la melodía con su habitual facilidad y también saben cambiar de registro, como lo demuestran en Police Station, una pieza por momentos inusualmente delicada y armoniosa, o en Meet Me At The Corner, un tema casi de rock clásico con un final al estilo de Creedence Clear Water Revival, o en Dance, Dance, Dance, que regresa a las influencias africanas para cerrar el álbum de nuevo con un toque disco.

Un trabajo que si bien ya no tiene ese filo revolucionario de sus primeros años, nos enseña que a veces, para mantenerse en el radar, basta con hacer bien lo que se sabe hacer bien.











miércoles, 31 de agosto de 2011

LENNY KRAVITZ: Regresando a la raíz.






















Uno de los músicos más representativos de los años 90 recupera su mojo en la segunda década del siglo 21 y nos trae uno de sus mejores discos.

Multipremiado y con una carrera llena de éxitos, Leonard Albert Kravitz vive desde hace dos años en un tráiler en Bahamas, lo que le ha permitido un espacio de introspección  y relajamiento para componer.

Black And White America, su noveno álbum de estudio, fue grabado en Bahamas bajo el sello Roadrunner, y desde la portada deja bien claro que este disco es un rescate de sus raíces musicales.

Un disco más funky, más soul, más rythm and blues, más en el estilo de sus primeros discos, inspirado en la música con la que creció, con influencias que van desde Marvin Gaye, Miles Davis o Curtis Mayfield hasta Stevie Wonder, Earth, Wind & Fire o Prince.

Con arreglos que recuerdan al llamado sonido Motown y una producción impecable, no deja de lado su siempre presente perspectiva acerca de la vida espiritual, con sus letras románticas y reflexivas y una actitud siempre positiva.

Quizá su pecado pudiera ser el continuar repitiendo en algunos momentos esa fórmula que tan buen resultado le ha dado durante más de 20 años, pero tampoco es tan malo parecerse a si mismo y por lo menos se preocupa por renovarse y encontrar nuevas variaciones a sus mismos temas.

Un trabajo muy personal en el que cada una de las 16 canciones es una declaración de principios, ya que, en palabras del propio cantante: "Cualquiera que escuche el disco obtendrá una dosis de energía y alegría... prefiero ser optimista, incluso viendo esta avalancha de negatividad y destrucción".

Abre con Black And White America, una deliciosa pieza funk que, al igual que en Liquid Jesus, Superlove o Looking Back To Love, regresa al soul con toda la finura en los arreglos y una magnñifica instrumentación.

En su lado más rockero, Come On Get It despierta las guitarras y la fuerza en la interpretación, al igual que Rock Star City Life, un extraordinario tema en el cual demuestra que aún conserva esa capacidad para componer temas originales con su único y particular estilo, de la misma forma que con Stand logra una gran pieza de rock limpio y armonioso.

In The Black o Everything tienen todo el ritmo y la fuerza que fusiona el funk con el pop, y se da una vuelta por el mundo del hip-hop en Boonjie Drop junto con DJ Military y Jay-Z para hacer una pieza rap con el estilo de la nueva escuela, mientras que en Sunflower lo acompaña Drake.

I Can’t Be Without You es otro de gran tema, con un sonido sencillo pero poderoso, con letras sensibles interpretadas con precisión, mientras que Life Aint Better Than It Is Now es un descarado homenaje a James Brown.

Dream es la única balada con piano y muy sensible y Push cierra la edición sencilla del disco de manera suave y rítmica.

Un gran álbum, inspirado y con mucha coherencia, que nos devuelve lo mejor de este extraordinario músico.














martes, 23 de agosto de 2011

LOW: Llegando lento a lo más alto.




















Estos veteranos de la escena indie están de vuelta con su estilo lento, minimalista y profundo, como su propio nombre.

Admirados por Robert Plant, quien incluso grabó dos versiones del grupo (Monkey y Silver Ride) para su disco Band Of Joy, Low se ha ganado un lugar como banda de culto que ha limitado siempre su exposición en los circuitos comerciales y sin embargo ha tenido un tremendo éxito en su ya larga carrera.

C’Mon es el noveno disco de estudio de esta banda de Minnesota precursora del slowcore, un género del cual reniegan y sin embargo han colaborado a crear y definir como nadie.

Después de ensayar su lado más rockero en The Great Destroyer (2005) o coquetear con el pop y la electrónica con Drums And Guns (2007), vuelven a sus raíces, post rock, shoegaze y art rock mezclados de forma precisa, composiciones elegantes y una cuidadosa instrumentación que los elevan y nos llevan en su vuelo.

Editado por el sello Sub Pop y producido por Matt Beckley (Leona Lewis, Kate Perry, Ke$ha), es un disco que se desliza con suavidad creando atmósferas profundas, llenas de sensibilidad que jamás es cursi ni pretenciosa.

Las voces de Alan Sparhawk y Mimi Parker se turnan en los micrófonos y se complementan en los coros creando exquisitas armonías vocales emocionales e intimistas que hablan de honestidad, de mirarse a los ojos y conectar.

Un disco equilibrado en donde cada canción colabora en formar parte de un pasaje de sonidos llenos de matices y detalles.

Despiertan con fuerza en Try To Sleep y continúan la dulzura en You See Everything. Witches es más intensa y rítmica, casi progresiva, con una guitarra precisa y un peculiar estilo a la Bob Dylan en la interpretación.

Done se diluye tan rápido como un interludio, pero Especially Me es magnífico tema, un himno con influencias del folk gótico y de la música de los 60 que recuerda un poco a Lykke Li. Con $20 y Majesty Magic llegan a su punto más lento y atmosférico, mientras que Nightingale llena el espacio con una melodía con sorprendentes influencias jazz con la belleza y sencillez del pop.

Nothing But Heart comienza ruidosa y distorsonada y después se va desarrollando desde el minimalismo hasta llenar el espacio con un repetitivo y largo final. Something’s Turning Over es una balada con base en la guitarra rítmica que cierra de forma perfecta este trabajo.

Un excelente disco que no defraudará a sus seguidores y al mismo tiempo es una gran forma de que los conozca quien nunca los ha escuchado, pues en 15 años han madurado hasta convertirse en una mejor versión de ellos mismos.











domingo, 21 de agosto de 2011

THE RAPTURE: Ritmo y preguntas sobre el amor.




Esta banda de Brooklyn vuelve después de cinco años, ahora como trío, con su cuarto disco de estudio.

In The Grace Of Your Love marca el regreso de The Rapture a DFA, el sello de James Murphy (LCD Soundsystem), de forma que resulta simplemente lógica la continuidad de su sonido: música bailable con actitud punk, instrumentos eléctricos con beat electrónico, rock y acid house fusionados en una fórmula muy especial.

Producido entre Nueva York y París por Philippe Zdar de Cassius, que anteriormente ha trabajado con Phoenix, Beastie Boys y Chromeo, este disco es un poco diferente, siempre en su estilo pero esta vez con influencias de Roxy Music, The Clash o Soft Cell.

Con la particular voz de Luke Jenner, y percusiones de Vito Roccoforte que se sobreponen a los teclados y sus característicos arreglos de trompetas del multi-instrumentista Gabriel Andruzzi, logran recuperar la mística de los viejos tiempos e incluso ir un paso más adelante en su evolución.

Inspirados desde la portada en la estética de California de los años 50, es un trabajo que, según el grupo, es “más parecido al Echoes (2003) que al Pieces Of The People We Love (2006)... más orgánico”, con canciones que “van a interactuar con tu alma como nunca antes”.

Comienzan a navegar con Sail Away, que abre sin preámbulos y con un final inesperado, sicodélico y abstracto, al que le sigue Miss You con un gran ritmo y melodía, palmadas y espíritu del pop de los 80, para continuar con Blue Bird, surf y directa, que nos recuerda su espíritu punk.

Come Back To Me es una extraña pieza que mezcla folk y electrónica, con bandoneón y coros incluidos. In The Grace Of  Your Love vuelve a sus raíces con un steady beat seductor y una instrumentación que comienza con un simple bajo y termina delirante, con atmósfera provocadora y la voz que suena al new wave sofisticado de Brian Ferry o David Byrne.


En Never Die Again se ponen funky, Roller Coaster es otro experimento con aires retrofuturos y Children es juguetona y optimista y nos recuerda en un momento a Kids de MGMT, y no sólo por el nombre similar.

Can You Find A Way? regresa de forma interesante al post punk con coros góticos, mientras que How Deep Is Your Love?, el primer sencillo, vuelve a las pistas de baile con gran clase. Para terminar, It Takes Time To Be A Man es una balada semilenta inspirada en la estética de los años 50 interpretada al estilo de Eels o Morphine, con la que cierran de forma sorprendente el álbum.

Un esperado regreso que los los reivindica ante sus fans y los coloca en estado de gracia para seguir conquistando el mundo.










martes, 16 de agosto de 2011

BEIRUT: Postales de sonidos barrocos.




















El proyecto de Zach Condon que se transformó en sexteto está de vuelta y nos lleva de viaje con melodías llenas de horizontes lejanos.

The Rip Tide es el tercer disco de esta banda de Santa Fe, Nuevo Mexico; la perfecta continuación de una carrera que de pronto coquetea con sonidos diferentes que parecen prometer cambios y evoluciones, pero al final se mantienen dentro de su clásico sonido.

Música alternativa e inclasificable que toma como base el folk balcánico y americano, valses, marchas, baladas que mezclan indie, pop, jazz y electrónica.

Una lírica sencilla y emocional con una voz de crooner y una instrumentación inusual y barroca: trompetas, ukulele, mandolina, acordeón, cello, flughorn, violines, piano, batería, sintetizadores y más, que consiguen composiciones finas y llenas de detalles.

Aunque es un poco el mismo sonido al que nos tienen acostumbrados, suena más seguro, más refinado. Según Condon, en The Rip Tide “emerge un estilo que pertenece única y distintivamente a Beirut y que siempre había estado ahí”.

París, Estambul, Praga y el medio oeste con aire viajero, hipster y gitano, postales exóticas que han pasado de ser bellas interpretaciones a conformar un sonido original, sólido y real, que no deja de experimentar.

A Candle’s Fire abre con parsimonia, Santa Fe es más moderna y directa; East Harlem, el primer sencillo, incorpora coros gospel y una melodía al estilo Billy Joel; Goshen es una preciosa balada con un piano y Payne’s Bay es un vals melancólico, como la despedida en un puerto.

The Rip Tide se desliza cadenciosamente; Vagabond regresa al indie, The Peacock es nostálgica y Port of Call despide el álbum con estilo, un ukulele brillante y una armonía que va creciendo hasta ser un himno digno de una gran banda.

Un disco maduro y redondo en donde no hay ninuna canción de relleno, 9 temas, apenas 33 minutos de música que no tiene desperdicio.

A falta de videos, les dejamos las interpretaciones en vivo de East Harlem, Santa Fe y Port Of Call; y de postre, su versión del tema O Leaozinho, un cover de Caetano Veloso para las sesiones del disco Red Hot + Rio 2.