lunes, 13 de junio de 2011

BON IVER: Paisajes de profundidad y belleza.






















Justin Vernon es uno de esos músicos intrigantes, un verdadero artista que sabe transformar las vueltas de la vida en expresiones llenas de profundidad y belleza.

Desde Wisconsin, en donde estuvo recluido en una cabaña para superar una terrible depresión y una mononucleosis, nos trae su segundo trabajo como Bon Iver (una variación del francés “bon hiver”, buen invierno), tras sorprender al mundo entero con For Emma, Forever Ago (2008), que lo catapultó de inmediato al nivel de los autores de culto.

Después de colaborar con Kanye West en My Beautiful Dark Twisted Fantasy y del éxito de su tema “Skinny Love”, se da una vuelta por las praderas y paisajes norteamericanos para capturar el sentimiento de la soledad en los bosques y traernos un disco realmente sorprendente.

Composiciones introspectivas e intimistas llenas de elegancia y finura en los arreglos, con una instrumentación exquisita basada en guitarra, piano, sintetizadores, cuerdas y vientos y ese estilo suyo al cantar en tonos agudos con ese marcado falsetto que lo caracteriza.

Más rock y menos folk, más experimental y cuidadoso con los detalles, elegante, sofisticado y tremendamente bien producido. Con una propuesta entre Cocteau Twins, Radiohead, Iron & Wine y James Blake, es un álbum lleno de referencias a los lugares reales o imaginarios que conforman su universo.

Abre con Perth de forma soberbia, incluyendo cuerdas, trompetas y percusiones deconstruídas de forma épica. Minnesota, WI continúa con la misma intención pero con más ritmo y con diferentes movimientos que nos llevan de la mano con suavidad.

Holocene explora regiones llenas de melancolía, mientras que en Towers la melodía se anima un poco más con aires indie y Michicant flota como un vals delicado, como un copo de nieve que baila flotando al atardecer.

Hinnom, TX pasa casi como una sombra sutil, desvaneciéndose a lo largo de detalles brillantes que contrastan con una voz profunda. Wash tiene el sentimiento del agua que corre por un arroyo con el sonido del piano como el reflejo de la luz entre los árboles.

Calgary comienza atmosférica y etérea, con lánguidas voces sobre una sutil melodía que de pronto crece y envuelve todo el ambiente y Lisbon, OH es un breve tema ambiental que da paso Beth/Rest, la pieza más pop del álbum, si es que algo tiene de convencional, para despedir este trabajo con la elegancia de los grandes maestros.

Un disco excelente que puede ser escuchado una y otra vez. A falta de videos, te dejo un par de remixes de los temas Calgary y Perth. Y si quieres conocer sus letras poéticas, surrealistas y ambiguas, puedes consultarlas aquí.
















domingo, 12 de junio de 2011

ARCTIC MONKEYS: Vintage y alternativos.




Ya está aquí el esperado cuarto álbum de esta banda de Sheffield, con el que demuestran que tienen toda la intención de seguir en ascenso.


Cinco años después de darse a conocer a través de Internet, en el mundo off-line no dejan de dar conciertos, no dejan sus proyectos personales y aún así se mantienen en el radar con base en el trabajo duro y la búsqueda constante de nuevas formas de reinventar su propuesta.

Quizás por eso Suck It And See tiene un sonido más vintage, en donde se nota el liderazgo de Alex Turner y su idea musical (llevada al extremo en The Last Shadow Puppets, junto con Miles Kane) pero a costa de perder un poco de su fuerza y su natural desenfado e irreverencia.

Regresa a la consola James Ford, el productor de sus primeros dos discos, lo cual también les devuelve una parte de su sonido crudo y directo, aunque ahora se mezcla con una onda “vintage” de los años 50 y 60 y estilos que van de The Kinks a The Zombies y de Nick Cave a los Pixies, lo que de alguna forma los acerca más al indie rock que a la música alternativa británica de hoy en día.

Composiciones más finas que son muestra de madurez; melodías más alegres y canciones menos ruidosas pero sin pretender ser virtuosos; una intensidad moderada, más ligeros, con letras más maduras, ricas y sensibles, temas perfectos para la interpretación más suave y evolucionada de su vocalista.

Abren con She’s Thunderstorms con guitarras finas y precisas y, como si de se tratara de una segunda parte, continúan de forma natural con Black Treacle. En cambio, Brick By Brick viene con más fuerza y un ritmo con influencias a go-go, casi sicodélicos.

The Hellcat Spangled Shalalala tiene igualmente toda la onda hipster pero con un inusitado espíritu optimista (aunque sea sarcástico), que contrasta con la poderosa Don’t Sit Down ‘Cause I Moved Your Chair y con Library Pictures, en donde dan rienda suelta a su lado más duro y oscuro.

Josh Homme (Queens Of Stone Age) colabora con su voz en All My Own Stunts, que es como el punto medio entre las influencias del pasado y la fuerza rockera del presente, aunque sólo para volver a la inspiración retro en Reckless Serenade - que empieza diciendo "topless models/ doing some more fun".

De nuevo bajan el tono y llegamos a la suavidad de Piledriver Waltz (que de hecho se encuentra en la banda sonora de Submarine) y Love Is A Laserquest, para animarse un poco en Suck It And See con una gran instrumentación y una magnífica interpretación, digna de la canción que da título al álbum, y That's Where You're Wrong, que cierra el disco de forma elegante.

Un disco que a pesar de ser buen trabajo nos hace preguntar si de verdad se trata de un nuevo comienzo o de una transición entre una zona de confort y una verdadera innovación.














lunes, 6 de junio de 2011

MOBY: Destruyendo expectativas.























Moby tiene tres estilos básicos muy reconocibles. Uno es el chill-out-soul con que nos sorprendió en Play. Otro es la banda sonora para detectives al estilo Bourne de Extreme Ways y sus temas y remezclas para las pistas de baile. El tercero es ese ambient exquisito que llena el alma de una intensa paz.

Todo esto se mezcla en Destroyed, un disco en el que vuelve al origen de su propuesta, dejando atrás las influencias hip hop de Last Night (2008) y la elegante suavidad de Wait For Me (2009), esta vez con una influencias sutiles de Aphex Twin o Richie Hawtin (Plastikman).

Sin ser minimal ni experimental, el décimo trabajo de este músico americano tampoco se entrega al lado más bailable, quedándose (una vez más) en el camino: una obra que tiene sus momentos pero que no logra mantener la tensión hasta el final.

Abre con atmósferas de meditación intropectiva con The Broken Places que en Be The One se unen a un estribillo con efecto de vocoder que de pronto explota con inesperada euforia y guitarras de fondo.

Continúa con Sevastopol, que comienza con sonidos acuáticos y percusivos que se desenvuelven como un río que empieza a fluir con ritmo. The Low Hum flota sobre un beat progresivo con voz femenina que en Rockets aterriza en un mar de tranquilidad etérea.

En The Day toma el micrófono y arma una pieza con todo el espíritu de Bran Eno y David Bowie, sonidos de cuerdas y electrónica vintage que crece hasta proporciones épicas. Se desliza en Lie Down In The Darkness y fluye con su inconfundible estilo hasta Victoria Lucas con coros gospel y samplers blueseros.

Se toma su tiempo en After, donde nuevamente se aplica con su voz en un estribillo que apenas rescata la melodía repetitiva y sin mucho filo. Despierta la oscuridad nocturna en Blue Moon, son efectos de vocoder sobre ritmos robóticos.

The Right Thing se balancea con una deiciosa cadencia cálida, pero a partir de aquí todo se vuelve lento y pausado. Stella Maris se convierte en vapor galáctico para dar paso a The Violent Bear Away, una melancolía con piano de la que ya no se recupera hasta cerrar con hermosas atmósferas con Lacrimae y When You Are Old.

En total, 15 canciones, quizás algunas prescindibles, sobre todo en una época en la que muchos prefieren lanzar EPs de calidad en lugar de arriesgarse con discos de larga duración. Pero Moby siempre ha arriesgado lo justo para no quedar (tan) mal.













De forma simultánea, junto con este álbum Moby presenta un libro de fotografías que, al igual que la música y los videos, fueron tomadas alrededor del mundo durante sus numerosas giras.


Puedes encontrar algunas de sus imágenes (incluyendo el original de la portada del disco) y una entrevista acerca de su trabajo fotográfico en The British Journal Of Photography.




Nueva York, EE.UU.



París, Francia.



Sao Paulo, Brasil.



Perth, Australia.


viernes, 3 de junio de 2011

FRIENDLY FIRES: Disparando al aire.



Este trío inglés regresa con Pala, su segunda producción después de su estupendo debut del 2008, dispuestos refrendar su éxito.

Con su inconfundible estilo synth pop con actitud punk muy bailable, una justa mezcla de Kompakt, Carl Craig y Prince, como ellos mismos reconocen, pero en lugar de dar continuación a su experimentación con el electroclash se van por el lado más convencional.

De pronto empiezan a sonar muy parecidos a grupos como Everything Everything o Hurts, con esos ambientes etéreos al estilo de OMD y una influencia ochentera en su estética que ya empieza a sonar fuera de temporada.

Una producción sofisticada por parte de Paul Epworth (Cee-Lo Green, Florence And The Machine, Bloc Party), Chris Zane y la propia banda alcanza a salvar el álbum, en la que las melodías alegres aunque con un toque de melodrama son enriquecidas con percusiones y sintetizadores que logran un sonido único.

El título del álbum viene de una novela de Aldous Houxley, reflejando su intención retro futurista que se confirma en cada canción.

Live Those Days Tonight y Blue Cassette abren con toda la energía y Running Away tiene una onda más armoniosa que intenta acercarse al rock, pero se queda medias.

Hawaiian Air es probablemente el mejor tema, se lanza directa a la yugular, todo un himno al estilo Ibiza que seguramente será material para más de un remix. Hurting tiene un estilo más discotequero, suena tan actual como la nueva ola francesa de Justice.

Pala baja el ritmo como para poner un poco de chill-out al amanecer, mientras que Show Me The Lights entra a la escena con un breakbeat mezclado con rythm and blues. True Love intenta regresar al ritmo frenético, un poco más funky pero con una actitud desenfadada que se continúa en Pull Me Back To Earth.

Chimes comienza atmosférica y delicada y termina con dramatismo para dar paso a Helpless, que con un ritmo suave despide este trabajo como un atardecer en la playa.

Un disco que continúa su trayectoria pero que sólo nos hace desear que el siguiente sea mucho mejor. 











miércoles, 1 de junio de 2011

MILES KANE: La máquina del tiempo
























Dentro del universo de la música inglesa, de vez en cuando surge un fenómeno que logra capturar el espíritu de las décadas pasadas y consigue hacerlo suyo y reciclarlo para ofrecerlo de nuevo con una cara fresca y sorprendente.

Pero esta vez no estamos hablando de Amy Winehouse, sino de Miles Kane, quin fuera líder de The Rascals y parte del supergrupo The Last Shadow Puppets.

De inmediato, Colour Of The Trap, el debut como solista de este músico, nos hizo recordar inmediatamente a los hermanos Gallagher (Oasis), 
y algo hay de eso, no sólo por el look, sino que además fue abridor de algunos conciertos de Beady Eye.

Sonidos rockeros típicamente ingleses y con influencias de The Zombies, The Rolling Stones, T-Rex o The Stone Roses. Pop barroco con toques de soul y sicodelia con un aire retro que ya casi parece una decidida apuesta por revivir la década de los 60.

Y precisamente a eso suena su propuesta: un viaje en la máquina del tiempo que nos lleva a una época en la que Austin Powers hubiera sido feliz.

La producción de Dan The Automator y Dan Carey (Gorillaz, Franz Ferdinand, Kasabian) le aportan una precisión casi impecable y la mitad de los temas fueron co-escritos junto con su buen amigo Alex Turner (Arctic Monkeys, The Last Shadow Puppets) en un álbum lleno de temas que parecen haber tenido que esperar cuarenta años para ser grabada.

Come Closer, su primer sencillo, es simplemente contundente, una de esas canciones que son clásicos instantáneos, con un ritmo y una melodía pegajosas e inolvidables. Rearrange gira hacia el pop y My Fantasy tiene un toque más beatlesco, lo que explica la colaboración de Noel Gallagher en las voces.

Counting Down The Days goza de un beat suave pero más moderno, mientras que Better Left Invisible pone de otra vez el sabor rockero con unos buenos riffs que lamentablemente se desvanecen como quien no supo acabar de rematar la faena.

En Happenstance (a dúo con a actriz francesa Clémence Poésy) y Quicksand (escrita junto con Gruff Rhys, ex-Super Furry Animals), nos transportan de pronto a las playas californianas, mientras que Inhaler tiene ese sonido Led Zeppelin-esco, reminiscencia del proto-hard rock de Deep Purple.

Kingcrawler o Telepathy figuran unas guitarras como de spaguetti western y Take The Night From Me o Colour Of The Trap son baladas absolutamente vintage que resumen a la perfección el lado más sensible y romántico de este trabajo.

Un disco que sorprende pero que también nos hace esperar a ver la evolución de su propuesta de lo retro a lo futuro para no quedarse simplemente en el revival de viejas glorias sino que llegue a aportar un sonido más actual.