domingo, 6 de noviembre de 2011

COLDPLAY: Intentando apartarse de los lugares comunes.



La banda inglesa más exitosa del siglo 21 regresa con su quinto disco, enfrentando el reto de superarse a si mismos.

Cuando una banda llega a la cima, cada nuevo disco es un desafío. Con cada trabajo, el público y la crítica se vuelven más exigentes. Al mismo tiempo, se toman decisiones en la continua búsqueda de rutas creativas, en favor de los sonidos y las fórmulas conocidas o en favor de la experimentación y el riesgo.

Coldplay ya han intentado dar ese gran salto con Viva La Vida (2008), de forma que Mylo Xyloto es más bien una continuación de la estética que vienen ensayando recientemente. No es un riesgo, sino una evolución discreta, intentando apartarse de sus propios lugares comunes, pero sin conseguirlo.

Se trata de un disco conceptual que narra una historia de amor situada en un ambiente futurista en un lugar imaginario, un esfuerzo creativo que no llega a compensar el hecho de que las canciones suenan prácticamente a lo mismo que han sonado siempre, variaciones sobre su propia plantilla.

Rock pop alternativo y romántico, sobreproducido y complaciente, la herencia del brit pop encarnada una banda que ha sido llegada a considerarse como la más importante de este siglo, ayudados por los medios de comunicación y su relación con celebridades y causas sociales (cualquier parecido con U2 es mera coincidencia).

Contando nuevamente con la producción de Brian Eno, abrazan los sonidos synth pop y chill wave de unos años para acá. Los coros son más expansivos y las atmósferas envolventes están presentes en casi todas las canciones cuyas letras, que van de la melancolía al optimismo, tampoco alcanzan los niveles de originalidad esperados.

Eso sí, hay que reconocer que siempre hay frescura en su sonido: guitarras rítmicas, distorsiones y efectos, percusiones poderosas, sintetizadores y pianos con excelentes arreglos de cuerdas en una colección de canciones que van de lo épico y orquestal a lo acústico y más íntimo.

Abren con Mylo Xiloto, una pequeña introducción instrumental para arrancar con un inusitado ritmo pop en Hurts Like Heaven. Paradise comienza con cuerdas y continúa con sintetizadores chill-wave y piano que se unen al final de forma grandilocuente, con una estupenda interpretación en la voz.

Charlie Brown tiene todo el poder de los himnos de los conciertos masivos, al igual que Don’t Let It Break Your Heart, otra canción diseñada para los estadios. Us Against The World es una romántica y delicada balada, minimalista y semiacústica, con influencias dub.

M.M.I.X. es el segundo puente instrumental que deriva en Every Teardrop Is A Waterfall, que con su controvertido comienzo y sus sintetizadores noventeros no deja de ser una canción simplona y sin personalidad. Major Minus me parece el mejor tema, una gran composición producida impecablemente y toda la fuerza e intensidad en la ejecución, mientras que en Princess Of China se arrojan de nuevo al pop y al rythm’n’blues con la colaboración de Rihanna.

Up In Flames nos devuelve el sonido clásico de la banda, una de sus intensas y finas baladas con la voz de Martin llevando la melodía, que da paso a A Hopeful Transmission, el último interludio.  Up With The Birds tiene una introducción con todo el sello de Eno, para luego cobrar vida propia para el gran final feliz en donde el amor lo conquista todo.

Un disco muy disfrutable para los fans de la banda y una sorpresa para los demás, pero que no va a convencer a sus detractores.










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